lunes, 21 de septiembre de 2009

Aquellas trivialidades inocuas

Y la mañana se llenó de juegos redundantes. ¿De qué se hablaba en las reuniones? De nada en concreto. Pero había que estar allí para salir en las fotos. El presidente depuesto comenzaba a ser una carga en el extranjero. La defensa pura de la democracia no era exactamente un argumento que sentase bien a un presidente con ambiciones secretas de tirano que había estado a punto de quebrar impunemente la democracia de su país.
A raíz del conflicto, la comunidad internacional se apresuró a repartir los roles de buenos y malos, y luego invitó a los embajadores a manifestarse. La primera reacción fue inmediata y unánime, pero desde entonces las dudas se habían multiplicado al mismo tiempo que se extendía la sensación de haber hecho un ridículo internacional. Como solución más airosa, se abogó por una salida dialogada, un acuerdo alcanzado desde dentro, bajo presiones ejercidas meticulosamente sobre los dos bandos.
Honduras brindaba a la comunidad internacional la oportunidad de mostrarse como un órgano de control y defensa de las instituciones democráticas, lo cual era algo valioso desde el punto de vista de la imagen. Se programaron reuniones de delegados cuyas conclusiones ocuparon cinco líneas que fueron leídas en una rueda de prensa donde no se admitieron preguntas.

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