lunes, 28 de septiembre de 2009

Esto no es comida para un hombre

Te sientas a la mesa con un pensamiento fijo aguzado por el apetito. Eres entonces un hombre primitivo, menos amable que de costumbre. Aunque tus ansias de crecer siguen intactas, la fuerza del mediodía se manifiesta claramente a través de tu mal humor. Pero, claro, has sido invitado a comer a casa de Madeleine, que es una muchacha exótica y confusa, y no esperabas este verdadero altar de culto del mundo vegetal con reminiscencias de la provincia china de Lu-Li-Yan. Conociste a Madeleine durante un congreso de contracepción. Pronto supiste que Madeleine tenía novio. Luego que su novio viajaba. Luego que su novio viajaba mucho. Ahora puedes levantarte y esgrimir uno cualquiera de tus famosos pretextos que restallan en el aire como látigos en el circo, dejando boquiabierto al auditorio. Task, task… Pero has caído en una especie de trampa de la que no puedes salir tan fácilmente. ¿Acaso no existen leones enjaulados, treguas forzadas en medio de una guerra, falsos personajes que logran llevarse la atención de una trama bien elaborada?
Cálmate, Gordon. Plantea una lectura menos literal de la situación o, al menos, inténtalo.
Te sientas a la mesa porque eres dueño de ti mismo y has decidido aceptar la invitación de Madeleine. Entre los invitados se encuentra Yoky Mozumo, que podría estar interesado en adquirir uno de tus cuadros. A la mesa llega una fuente que pretende ensanchar los paladares de la cultura occidental. El mes de septiembre está a punto de agotarse y las luces del ocaso se vuelven un poco más ocres cada día. Muy bien, Gordon. Eso está mejor.

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