El enfoque del mes de septiembre apenas cometió errores. Las facturas llegaron con puntualidad, y los niños se entretuvieron con el olor mágico de los libros nuevos. Entre la una y las tres Europa giró alrededor de los fogones, y se celebraron las salsas y las croquetas, principalmente. La tarde se hacía más corta, y sin el bochorno despiadado de unas semanas atrás, aunque todavía se podía caminar en pantalón corto. La luz inundaba el paisaje como el agua un vaso de cristal. De vuelta a la rutina del hormiguero parecía haber llegado el turno de la literatura en cualquiera de sus formas. Las editoriales lanzaban nuevas colecciones de cuentos completos e incorporaban nuevos poetas a sus catálogos con una banda roja para resaltar las recomendaciones de intelectuales ilustres. En la radio, los becarios dejaron sitio a los monstruos mediáticos que llegaban de vacaciones un tanto recelosos y ambiguos. En el programa de cocina se presentó por primera vez una nueva forma de preparar las lentejas, tratando de recuperar los verdaderos productos de la granja y de la temporada. Ya era hora de abrir las puertas del armario y poner un poco de orden para afrontar el invierno. De los gatos poco se puede decir, puesto que las obras de rehabilitación no los han tenido en cuenta como especie protegida. Desde aquí les hago llegar un pequeño homenaje que quiere ser también una especie de reivindicación absurda y sentimental. Prometo que otro día cualquiera escribiré acerca de las ventanas, y entonces habrá quien se retire hacia adentro, empujado por una mala conciencia secreta. Ah… de manera que no estaba todo dicho, como parecía. ¿Así que de todo lo visible e invisible ofrece un segundo capítulo más largo que el primero, e infinitamente más interesante? Te recomiendo que leas dentro de esta misma serie “El lado oscuro de las cosas”. No te arrepentirás.
lunes, 28 de septiembre de 2009
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