lunes, 21 de septiembre de 2009

El vidrio y la lluvia


Aquí empieza nuestra historia, dijo Turner. Para ser un soldado que acaba de regresar del frente no le falta coraje. En la calle, el repliegue de las tropas ante el avance alemán había tenido un efecto desalentador. Muchos culpaban de ello a la descoordinación y a la falta de compromiso de los aliados franceses, cuyos soldados se pasaban el día criticando ferozmente la política de su gobierno. Otros, en cambio, consideraban que había sido un error enviar a la guerra a reclutas sin experiencia que subían a los barcos de transporte asustados y aturdidos, paralizados por el terror que despertaban las historias de los veteranos. Sí: llevaban la derrota escrita en la frente. ¿Qué más pruebas se necesitaban?
Un aguacero imprevisto en pleno mes de julio calmó la polémica, trasladando el peso de las críticas a las discusiones de sobremesa.
Y tu ¿qué opinas, Turner?
Vendas y harapos
pólvora y muerte
son hombres sin suerte
cenizas y charcos.
Un poco alarmados por los cuchillos que podían esconderse detrás de las rimas, el hilo de la conversación cambió el argumento. El tiempo ofrecía un pretexto manido y descorazonador, pero los invitados deseaban olvidarse cuanto antes del presagio del soldado y disfrutar plenamente de la hora del té. Después de todo, para la mayoría de ellos la guerra no era más que un debate teórico sobre el orgullo nacional, alimentado por la literatura y los discursos del primer ministro. Un entretenimiento más, como el fútbol, o los crucigramas. Ninguno había tomado jamás un fusil, ni sentido sobre sus cabezas los disparos de un avión de la Luftwaffe trazando un vuelo rasante sobre una procesión de refugiados.

No hay comentarios:

Publicar un comentario