La voz de King Talión preside el paisaje cuando ya se va asentando la luz del mediodía. En la plaza, el desinterés de un cliente por la oferta de la pescantina es respondido con viejas imprecaciones de marinero, y la escena se recorta en la tonada para servir al retrato de costumbres. De la chimenea de la fábrica sale una fina columna de humo blanco. En el patio, un camión cargado con latas de atún se dispone a salir a la calle. El director de la compañía celebra su cincuenta cumpleaños y ha recibido un paquete con una nota perfumada. Poniéndose en pie, enciende un puro y se asoma a la cristalera desde donde contempla una panorámica de la ciudad extendiéndose en cuadrículas cada vez más pequeñas. A pesar de la crisis, las ventas no han disminuido. Y ahora este regalo misterioso. El día promete, se dice a sí mismo mientras se frota las manos. Más allá del muelle industrial, junto a los astilleros, el óxido avanza lentamente por las cuadernas de los barcos atracados en los muelles en espera del desguace. A su alrededor se mueven de vez en cuando efímeras nubes de polvo levantadas por el paso de un vehículo o por una ráfaga solitaria. Flotan páginas olvidadas de historias que contienen capítulos brillantes y etapas más bien grises. Ahora dan una nota desprovista de acentos. El cantor se refiere a ellas con nostalgia, un poco antes de abordar de nuevo el estribillo. Los fogones en cambio se vuelcan hacia el futuro. La receta de hoy ofrece merluza al estilo provenzal, y forma parta de un programa que se transmite por la televisión. El nombre del cocinero se fija en la pantalla durante unos instantes y comienza así su camino hacia la gloria. Luego vendrán las publicaciones, los concursos de cocina de autor, las polémicas y de pronto se verá convertido en una estrella. Debajo de esa bóveda de glamour están las aceras turbias por donde se extienden las colas del desempleo. Cierran las empresas asfixiadas por la caída de las ventas y el aumento de los impagos. Y el planeta sigue girando alrededor de una premisa falsa. Los expertos ya han renunciado a hacer pronósticos, no por falta de datos, sino por falta de ideas. La llegada del verano parece infundir un optimismo incipiente que tiene que ver con el regreso a la naturaleza. De todo esto habla el cantor en su largo poema melódico. Hay una estrofa para el amor que tiene un punto solidario, y algunas palabras sueltas dedicadas a la belleza de un modo un tanto vago. En general, la canción resulta agradable, como un paseo en góndola mientras suena un organillo y las palomas levantan el vuelo sobre la plaza. A la hora de comer la voz se vuelve más débil y se confunde con el sonido de los cubiertos sobre la mesa. De primero corren las ensaladas, el jamón y pequeños tacos de empanada. El alimento es una necesidad básica. Los intentos de lirismo pasan entonces a un segundo plano.
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